Nostalgia

La nostalgia es un cepo en el bosque de los recuerdos,

un grillete que clava sus dientes en tus tobillos

hasta lograr que te desplomes sobre la hojarasca

La nostalgia duele, sangra y te impide moverte

porque cada vez que intentas avanzar te desgarra

y cuando te quedas quieto la herida se hace profunda

Existe el riesgo de confundir trampa con condena,

aceptar que tu destino es morir desangrado

por unos colmillos metálicos y oxidados

La única escapatoria segura es el olvido,

amputar la parte aprisionada de nosotros

abandonarla para que se pudra en el camino.

Mutilado, al menos podrás seguir hacia adelante,

arrastrándote y dejando un reguero de sangre derramada

sobre las hojas de los recuerdos marchitos del bosque

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Luz cegadora

Esta pequeña pieza teatral nació en uno de los ejercicios que hicimos en el curso de dramaturgia impartido por el escritor Luis Fernando ‘Nani’ de Julián en las Jornadas de Formación Escénica Cuenca a Escena del año 2017. Tras darle un lavado de cara y haber recogido algún consejillo más del maestro, es hora de publicarla. ¡Gracias, Nani, seguiremos escribiendo!

En escena una joven sentada en un sofá. Una luz blanca cae justo delante del mueble. La chica juguetea a meter y sacar la mano del haz.  Aparece por detrás un hombre, da una palmada y la luz desaparece.

CHICA: ¿Por qué has hecho eso? ¡Estaba jugando con ella, no nos molestes!

HOMBRE: No son horas de jugar, tendrías que estar en la cama.

CHICA: ¡Joder, siempre me estropeas el entretenimiento! Tú lo que quieres es que esté triste. Hacerme de rabiar y darme órdenes, ese es tu entretenimiento.

HOMBRE: Tú no sabes lo que es la tristeza. No te ha faltado nunca de nada, eres una niñata consentida.

CHICA: ¿Qué sabrás tú lo que yo siento? ¿Desde cuándo te importan a ti mis sentimientos?

HOMBRE: A ella tampoco le gusta que estés aquí a estas horas. Vamos, a tu habitación.

CHICA: Tampoco te ha importado nunca  lo que quiere ella. Deja de fingir que te importa alguien más que tú.

HOMBRE: ¡Basta ya de tonterías!

El hombre da una violenta patada al sillón y la chica cae al suelo. Se arrastra por el suelo, utilizando únicamente las manos. El haz de luz reaparece justo delante del hombre y parpadea.

CHICA: Ya la has enfadado. Ahora vas a tener que responder ante ella.

HOMBRE: ¿No me digas? ¡Mira como tiemblo!

CHICA: Vamos a hacer que tiembles de verdad.

La chica se arrastra hasta estar suficientemente cerca del haz. Introduce la mano, la luz se vuelve de color azul y se mueve para situarse encima del hombre. Un viento helado le golpea y empieza a sentir un frío insoportable.

HOMBRE: ¿Qué estáis haciendo? ¡Me estoy congelando! ¡Duele!

CHICA: ¿Cómo puede sentir frío un hombre con el corazón de hielo? ¿Qué puede helar las venas de un hombre por cuyas venas circula un odio que fluye como lava, que manda a su hija al suelo de una patada, que no tiene otro lenguaje que la violencia verbal y física?

HOMBRE: Como no me soltéis ahora mismo vas a conocer de verdad qué es la violencia. ¡Dejad de jugar conmigo!

El haz se aleja pero se mantiene delante del hombre, que no puede dejar de frotarse. La chica, desde el suelo, sonríe triunfante.

CHICA: Creo que estás un poco destemplado, padre. Ojalá pudiera ayudarte. Se me ocurre algo que puedo hacer para ayudarte. ¿Qué te parece a ti? ¡Vamos a jugar un poco más!

La chica introduce una vez más la mano en el haz de luz, que se vuelve rojo. Rápidamente el foco vuelve a situarse sobre el hombre, que comienza a sentir un calor terrible. Huele a ceniza.

HOMBRE: ¿Qué coño hacéis? ¡Hijas de puta, me estáis abrasando la piel, me quemo!

CHICA: ¿No te gusta el fuego, padre? Es una lástima, porque tienes que acostumbrarte, ya que cuando llegue la hora vas a consumirte en las llamas del infierno que tú mismo has provocado. Eres un pirómano que ha arrasado este hogar hasta convertirlo en ceniza.

El hombre se quita la ropa hasta quedarse en calzoncillos, intentando inútilmente combatir contra el calor que le está asfixiando.

HOMBRE: ¡Por favor, acaba con esto! ¡Me estáis haciendo daño de verdad!

CHICA: Esto va a acabar cuando yo diga. Y resulta que me estoy divirtiendo…

HOMBRE: ¡No te lo pido a ti, maldita zorra! Se lo estoy suplicando a ella. Por favor, haz que pare…

El haz de luz se separa del hombre y se vuelve de color blanco, pero permanece entre él y la chica.

HOMBRE: ¡Muchas gracias! Creo que he tenido suficiente por hoy. Ya ajustaremos cuentas más adelante, esta noche no tengo más ganas de pelea. Ahora me vas a hacer caso de una puñetera vez y te vas a la cama, se han acabado tus jueguecitos de niña caprichosa.

CHICA: ¡Idiota! ¿Crees que hago todo esto porque no me quiero meter en la cama? No tienes ni idea. Antes de que tú llegaras estaba a punto de contarle la verdad de lo que ocurrió. ¿Ella no sabe nada, no es así? Eres un cobarde. Puedes conmigo pero no puedes con ella, le tienes pavor. Pues he tenido una idea, le vas a contar tú la verdad, quiero que la oiga de tu boca.

La chica mete la mano en el haz y la luz se vuelve morada. El foco intenta situarse sobre el hombre, que intenta esquivarlo, pero finalmente le atrapa y le obliga a ponerse de rodillas.

CHICA: ¡Ahora confiésalo! ¡Dile a ella lo que me hiciste!

El hombre habla balbuceante, intenta sin éxito impedir que las palabras salgan de su boca.

HOMBRE: Ella estaba de viaje… Negocios, uno de sus largos viajes de negocios… Tú estabas en este  sofá, jugueteando con un mechón de tu pelo dorado, mirando el móvil distraída… Te vi tan bella y tan delicada… Me acerqué, te acaricié, olí tu pelo…. No quería hacerte daño. No sabía cómo parar. Puse mi mano entre tus piernas. Llorabas…. Te pedí que no lloraras. Introduje mis dedos entre tus bragas…

CHICA: ¿Y entonces qué pasó? ¡Dilo! ¡Dilo en voz alta!

HOMBRE: No me hagas esto  por favor… No dejes que me haga esto… No quieres oírlo…

CHICA: ¡Claro que queremos oírlo! ¡Dilo de una vez, maldita sea!

HOMBRE: ¡Entonces te follé! ¡Me follé a mi hija parapléjica en ese mismo sofá! ¿Ya lo he dicho, estáis contentas?

El hombre llora amargamente bajo la luz morada. La chica también llora desconsolada en el suelo. Silencio prolongado. El haz de luz se aparta del hombre, parpadea rápido durante casi un minuto y final se apaga. La chica muestra su asombro por lo que ha ocurrido.

CHICA: ¿De verdad le vas a dejar así? ¡No puedes hacerme eso! ¡No puedes perdonarle, tienes que castigarle! Se folló a tu hija y siguió viviendo contigo como si no hubiera pasado nada. ¡Abrásale las pelotas hasta que le revienten! ¡Conviértele en hielo para que yo pueda hacerle añicos! ¡Pártele con un rayo! Ya no tienes por qué temerle. A ti ya no puede hacerte año, pero todavía puede hacérmelo a mí. ¡Por favor, ayúdame, madre!

A pesar de las súplicas de la chica, la luz no reaparece. El hombre se reincorpora mientras la chica se derrumba definitivamente.

HOMBRE: Supongo que ya estás contenta. ¿Has disfrutado haciendo que todos pasemos un mal rato? Enhorabuena, hija, lo has conseguido, te has divertido haciéndonos daño con tu juego. No tenías ninguna necesidad de hacer esto. Pero ya es tarde. Nos vamos a dormir ahora mismo y no le vamos a contar nunca a nadie lo que ha pasado. Me harías daño a mí y le harías daño a ella, que no tiene culpa de nada. Vamos, te llevo a la cama.

CHICA: ¿Por qué, madre? ¿Prefieres permanecer ciega a proteger a tu hija? ¿Prefieres protegerle a él? No lo entiendo, ni siquiera puedo contar contigo…

La chica se derrumba definitivamente. El hombre la coge  y ella, inerte, ni siquiera intenta resistirse. Se marcha de la habitación llevándola en brazos.

OSCURO

 

 

¿Qué le decimos al Dios de la Muerte?

Not today (Arya Stark)

Acabo de salir de casa, llegaré en media hora. ¿De verdad que no nos hemos visto antes?  Es el momento de salir de la zona de confort. Tenemos que hablar; no es por ti, es por mí. Cierra la puerta, que hay corriente. ¿Dónde te has comprado eso que llevas puesto? Vuelva usted mañana. Elegí un mal día para dejar de fumar. Mi tío es concejal de Cuenca, quizás podamos arreglarlo… ¿Quién da la vez? Espera, que cojo mi abrigo. ¡Siempre me toca a mí! Te cambio mi personaje. ¿Voy a poder fumar? Mándame un whatsapp para recordármelo y yo te llamo. Lo sentimos, no se ha podido entregar el envío por estar ausente el destinatario. ¡Maldita sea, me quedaba un día para jubilarme! Espera a que termine esta canción. ¿Tienen menú vegano? Me encantó tu papel en aquella película de Woody Allen. ¡Lo sabía! Tiene que haber un error, repasa bien esa lista. No estoy interesado, de verdad que estoy muy contento con mi compañía de fibra óptica. Cinco minutos más, no subas esa persiana. Tenía razón mi madre cuando decía que hay que cambiarse de calzoncillos todos los días. Dame un segundo, que ponga algo en Instagram. Supongo que pararemos en algún lado para mear y comprar tabaco. ¿Blancas o negras? Dios ha muerto. La penúltima y nos vamos. O todos o ninguno. Dile a mi mujer que la quiero.

Margareth

Margareth ha llegado a la conclusión de que no merece la pena tanto sufrimiento, tanta mentira y tanto dolor. Lo ha intentado, doy fe de que lo ha intentado. Pero Magareth no puede más y por eso ha decidido adoptar una decisión drástica: va a destruir el mundo.

Me gustaría disuadirla de que lo haga, pero nunca he visto a Margareth echarse atrás después de tomar una decisión. Es la persona más testaruda que conozco y por eso sé que va cargarse este planeta, porque nunca ha dejado de alcanzar las metas que se propone.

Margareth y yo nos conocemos desde pequeñitos. Tendríamos unos ocho años la primera vez que se coló en la pista donde jugábamos los niños al fútbol. Arrebató el balón a uno de los chavales con una dura entrada y tras regatear a un par de defensas marcó gol picando la pelota por encima de la cabeza del portero. Desde ese día Margareth jugó siempre los partidos de la hora del recreo.

En el instituto Margareth demostró de inmediato su carácter indomable. El segundo día de curso le reventó los testículos de un rodillazo a un repetidor que la había acorralado en el pasillo para tocarle las tetas. Nadie volvió a ponerle la mano encima sin su permiso. Aquel incidente le dio fama, pero se convirtió en la verdadera reina del instituto cuando empezó a vender marihuana. En aquella época casi toda la hierba que se fumaba en el centro procedía de su cosecha. Margareth dirigía el negocio sin que los profesores manifestaran en ningún momento dudas sobre esa encantadora alumna que deslumbraba al claustro con sus buenas notas en todas las asignaturas.

Margareth y yo fuimos buenos amigos durante aquellos años, pero nos distanciamos cuando llegó el momento de ir a la universidad. Ella estudió una ingeniería y yo me decanté por la publicidad. Nos fuimos a vivir a distintas ciudades y perdimos el contacto. Diez años después recibí una llamada suya. Me enteré entonces de que mi amiga, tras finalizar los estudios, había desarrollado una brillante carrera política. En la actualidad era la gobernadora de Maryland y el motivo de su llamada era que quería nombrarme jefe de campaña en su carrera hacia la presidencia de los Estados Unidos de América.

Como era de esperar, Margareth ganó las elecciones gracias a su enorme carisma, su determinación en los debates electorales y las promesas de cambio que lanzaba con plena convicción en los mítines. Ella se convirtió en la primera presidenta de Estados Unidos y yo pasé de escribir anuncios de sopas enlatadas a trabajar como jefe de gabinete de la mujer más poderosa del mundo.

Fue entonces cuando todo comentó a estropearse. Las promesas electorales más ambiciosas se topaban una y otra vez con limitaciones legales y presupuestarias. Otras veces los problemas eran la aritmética política y los enfrentamientos con compañeros de partido que tenían intereses opuestos. El cambio que Margareth había prometido en campaña se topaba con un sistema encorsetado. La Casa Blanca se convirtió en la jaula en la que, por fin, habían conseguido encerrar a la mujer más irreductible que haya pisado esta tierra.

Naturalmente, ella no lo iba a permitir. Por eso me ha llamado esta mañana para ordenarme que acudiera de inmediato al Despacho Oval. Me ha explicado con argumentos irrebatibles las razones por las que cree que ha llegado el momento de reventar el planeta. Solamente tiene que pulsar un botoncito rojo que hay debajo de la mesa para desatar un apocalipsis nuclear. Me pregunta si tengo algo que decir al respecto. Medito mi respuesta durante unos pocos minutos, porque de ella depende que la humanidad tenga un futuro o desaparezca. Creo que lo tengo claro:

– ¿Tienes maría? Me gustaría que nos fumáramos un buen canuto mientras el mundo se va a la mierda.

Margareth sonríe. Abre un cajón de su escritorio y saca una bolsa de congelar alimentos repleta de hierba.

– El porro me lo hago yo- responde la presidenta-. Abre el mueble bar y saca una botella de champán, que tenemos que celebrar como se merece el fin del mundo.

Con la voz marchita

Hay pasión sanguinolenta entre las uñas

y trazas de amor en las heridas

Hay escondida bajo la alfombra

Una futil promesa incumplida

Hay una foto gris que traga polvo

detrás del monitor de tu oficina

Hay un surco carmesí de carmín y vino

en las copas del fondo del lavavajillas

Hay noches en las que solo necesito

sentir tu aliento fresco en mi barbilla

Hay domingos emponzoñados de alcohol

que sanan con un baño de saliva

Hay en tus muslos versos en braille

que recito con la voz marchita de Sabina

(Feliz cumpleaños, maestro)

 

 

Merry Christmas, I don’t want to fight tonight

¿Y qué más dará que celebremos el Nacimiento de Cristo, las Saturnales, el Solsticio o la primera Intercontinental del Real Madrid? ¿Es que no podemos celebrar las fiestas sin que nos importe lo más mínimo qué es lo que se está celebrando? Yo una vez salí de mi casa para ir de fiesta y tres días después me di cuenta de que estaba en Torrelodones, en bañador y en pleno mes de noviembre. ¡No tengo ni idea de qué es lo que salí a celebrar y no me importa! ¿Tan difícil es pasarlo bien? Pero al parecer vosotros no sabéis disfrutar de estas fechas si no ponéis por delante vuestros valores. Unos dicen se ha perdido la esencia de la Navidad cristiana y que vivimos en una sociedad desnortada. Otros que si es un invento capitalista para que consumamos más y que le estamos siguiendo el juego al dueño de Zara. ¿Y qué más dará, coño? No creo que sea inmoral quedarse únicamente con la parte lúdica de estas fechas. ¿No te da alegría poder cenar con tu hermana, a la que apenas ves un par de veces al año desde que se fue a trabajar a Alemania? ¿No te parece ver entrañable que tu hermano, que hasta hace poco se enfurruñaba porque mamá no le dejaba poner los Simpson durante la Nochebuena, de un año para otro esté soltando mítines políticos con la fórmula mágica para cambiar el mundo? ¿Y te has parado a pensar cuántas navidades te quedan por compartir con la abuela, que siempre se pone para esta cena aquel perfume barato que le regalaste en un cumpleaños y que al final de la noche siempre te desliza a hurtadillas, como si fuera un camello, un billete de diez euros como aguinaldo? ¡Hay que disfrutar de estas fechas, muchacho! Cuando te haces mayor se te olvidan la mayoría de las cosas, pero te vas a acordar de casi todas las nochebuenas y nocheviejas, por eso hay que esforzarse y llenarlas de buenos momentos que se convertirán en duraderos recuerdos. ¡Llena tus fiestas de risas, no de riñas, ya tendrás tiempo suficiente el resto del año para amargarte! “Feliz Navidad, no quiero pelear esta noche”, dice una canción de Los Ramones. ¿Y qué más dará que sea una fiesta cristiana o pagana? ¡Lo importante es que no falten en la mesa ni los licores ni los turrones!

– Disculpe, Papa Noél. Creo que está asustando a mi hijo. Y además hay muchos niños es- perando en la cola para leerle su carta. ¿Nos podemos ir ya?

– ¡Claro señora, perdone usted, estaba pensando en voz alta! Chaval, pórtate bien y te traeré esa videoconsola que quieres. ¡Siguiente!

Cuenca, Norma

Cuenca viste como una viuda durante nueve meses al año,

aburrida y sin quejarse demasiado de que nadie la quiere

En verano aparca el luto para lucir ropajes más vistosos

pero se resigna a ver cómo bailan los demás desde la silla

Es en octubre cuando se atreve a dar un paso al frente,

pinta sus labios y reparte besos carmesí por las alamedas,

estrena vestido de noche, dorado y con lentejuelas,

camina pisando la hojarasca con zapatos de tacón de aguja

y retoca su maquillaje cuando se mira en el espejo del Júcar

Con su belleza oriental, inesperada en el corazón de Castilla

Cuenca en otoño coquetea y conquista a los exploradores

que buscan oro y cobre en las copas de los árboles

Cuenca en otoño es Norma Desmond bajando la escalera,

deslumbra a las cámaras con la dignidad de su ocaso

Cuenca en otoño delira y al verse cubierta de joyas

sueña que es una mendiga que ha ascendido a emperadora

Hyperloop

Esta pieza de teatro breve, la primera que completo y que me atrevo a publicar, fue escrita como ejercicio del Taller de Dramaturgia ‘De la realidad a la escena’, impartido por el autor madrileño Luis Fernando de Julián en las II Jornadas Nacionales de Formación Escénica Cuenca a Escena, organizadas por Palanka Teatro entre los días 5 y 8 de septiembre de 2018

La obra tiene como fuente de inspiración esta noticia que salió publicada en Cuenca durante aquellos días: El PSOE pide unir la estación del tren con la del AVE con el Hyperloop que alcanza los 387 km/h

¡Vendrán más y mejores! ¡Gracias por tus enseñanzas, Nani!

HYPERLOOP

Un paraje en el campo atravesado por un raíl por el que pasa el Hyperloop, una cápsula-tren capaz de circular a casi 400 kilómetros por hora. En el fondo se ve un paisaje de ciudad con rascacielos. Dos hombres de avanzada edad, Ramón y Ramiro, comienzan en una conversación en medio de la vía.

RAMIRO

¡Don Ramón, muy buenas tardes!

RAMÓN

¡Buenas tardes, Ramiro! ¿De dónde viene usted con esos sudores?

RAMIRO

Calle, calle… No me haga usted hablar que llevo un cabreo…

RAMÓN

¡No me diga! ¿Qué ha pasado?

RAMIRO

Pues resulta que he hecho un viaje al centro de la ciudad para nada. ¡Y había ido andando! ¡Dos kilómetros, a pata!

RAMÓN

¿No ha cogido el Hyperloop? ¿Y ha andado usted dos kilómetros? Está usted hecho un chaval…

RAMIRO

¡Bendita ocurrencia! Había mucha gente esperando la cápsula y me he dicho “Venga, Ramiro, demos un paseo”. Quería pasar por la tienda de Hortensia, la de comestibles en la calle Laurel. Mire usted, a mí siempre me gusta que me traigan la compra a casa, es lo más cómodo. Pero es que la Hortensia tiene tan buen producto… ¿Ha probado usted sus naranjas? Me recuerdan a las que comía en la finca de mi abuelo. Ya no se comen naranjas tan buenas, las del hipermercado saben a champú.

RAMÓN

¿Pero es que no se ha enterado usted? ¡Sí que llevaba tiempo sin bajar al centro! La Hortensia cerró su tienda hace ya varias semanas.

RAMIRO

¿Hortensia, la de la tienda de la calle Laurel? ¡Pero si llevaba toda la vida viviendo y trabajando en ese barrio!

RAMÓN

Pues ha cerrado y se ha largado sin dar más explicaciones. La verdad es que su negocio no parecía ir demasiado bien. Y no tenía mucho futuro. Hortensia ya era mayor y sus hijos no querían saber nada de la tienda. A mí también me gustaba comprar fruta allí alguna vez. ¡Qué manzanas! Las manzanas que me compra mi hijo saben a líquido amniótico.

RAMIRO

Supongo que un negocio así no podía durar, tan en el centro, tan alejado de la  estación, en un barrio tan malo… ¿A propósito, qué hora es?

RAMÓN

Las seis y diechoc…

RAMIRO

¡Quítese de en medio ahora mismo!

Los dos dan un salto hacia los costados, pasa a toda velocidad el Hyperloop, haciendo mucho ruido

RAMIRO

¡Ha estado cerca!

RAMÓN

Hay que andar con ojo con este cacharro… El otro día se llevó por delante a un manifestante. Tardaron horas en despegar su cuerpo del morro del tren.

RAMIRO

Lo vi en las noticias. ¿Pero sabe usted? Se lo tiene bien merecido, por ir contra el progreso. Hay que ser muy idiota para no entender lo que ha supuesto el Hyperloop para esta tierra.

RAMÓN

También es verdad…

RAMIRO

Pero como le iba diciendo, cada vez nos quedan menos razones para bajar al centro. Me acuerdo de cuando éramos chavales y nos encontrábamos en el bar, ¿se acuerda usted?

RAMÓN

¡Qué bien lo pasábamos, jugando con la Elvira y con la Tomasa! ¿Cómo se llamaban aquellos juegos, que nos sentábamos en la mesa, alrededor de una botella de tequila…?

RAMIRO

Juegos de beber los llamábamos. ¡Éramos jóvenes, no perdíamos tiempo poniendo nombre a las cosas!

RAMÓN

¡Qué buenos tiempos! La Tomasa, tu mujer, en aquellos años era mi novia. Recuerdo que un día quedamos para ir  juntos a la playa y nos olvidamos el bañador en casa. Pues resulta que…

Pasa el tren de vuelta, Ramón sigue hablando y gesticula haciendo gestos obscenos, pero el ruido del tren impide que se escuche nada

RAMÓN:

…y estuve durante tres días sacándome algas del culo.

RAMIRO.

¡Vivíamos el sexo de otra forma, sin complejos y sin perder el tiempo! El Hyperloop me llamaba la Elvira en aquellos tiempos cuando hacíamos el amor… Antes de convertirse en tu mujer, claro…

RAMÓN. ¡Qué buenos tiempos! Recuerdo que también íbamos juntos a ver conciertos, a una sala que estaba en el centro, antes de que se llenase de latinos…

RAMIRO

Los latinos y los negros se han apoderado de los barrios del centro. ¡Normal que ya no paremos por allí! Como le decía, yo últimamente solo pasaba por allí cuando iba a comprar a la tienda de la Hortensia. Una vez me abordó una mujer paraguaya para venderme flores, no sé en qué estaría pensando la tía… ¿Tengo cara yo de ir comprando flores? Reconozco que me asusté un poco, no la vi acercarse…

RAMÓN

Le entiendo… No tenemos ya edad para que nos den sustos ni para vivir emociones fuertes…

RAMIRO

Lo sé, pero es que a veces a uno el cuerpo le pide salir un poco de la rutina. ¿No se le hace a usted aburrido hacer el mismo trayecto Hyperloop-hipermercado, ida y vuelta, todos los días lo mismo?

RAMÓN

Un poco, pero la verdad es que yo cada vez salgo menos de la urbanización, la criada me hace todos los recad… ¡Cuidado!

Los hombres se apartan de nuevo para que pase de nuevo un tren, pero en este caso mucho más despacio y con un mensaje publicitario: ENJOY HYPERLOOP!

RAMÓN

Casi nos arrolla un mensaje publicitario, eso sí que hubiera sido ridículo, más que lo del manifestante. Pero lo que decía, cada vez bajo menos al centro. ¡Es que este Ayuntamiento incompetente no hace nada por recuperarlo!

RAMIRO

¡No hacen nada! ¡Y cada día está más sucio y más abandonado!

RAMÓN

¡Son unos inútiles, tienen las calles casi sin luz!

RAMIRO

¡Normal que haya cerrado la Hortensia! ¡Normal que hayan cerrado tantos comercios!

RAMÓN

¡Con tanta inseguridad! ¡Y con tantos impuestos que pagamos! ¡Qué poca vergüenza! ¿Sabe lo que haría yo con nuestros políticos, les cogía y…

Pasa otra vez el Hiperloop haciendo mucho ruido mientras Ramón sigue hablando sin que se le escuche, gesticulando con violencia…

RAMÓN

…Y tiraría de la cadena para que no pudiera volver a coger sus  córneas.

RAMIRO

¡Eso es lo mínimo que se merece! ¿Sabe lo que haría yo con nuestro alcalde? Le enganchaba de la corbata y…

Pasa una vez más el tren, no se oye lo que dice Ramiro

RAMIRO

… Atado a la parte de atrás del Hyperloop hasta el final del trayecto.

RAMÓN

¡Menos mal que nos pusieron el Hyperloop, si no es por ese tren nuestra ciudad estaría ya muerta! ¿Se imagina que tuviéramos que vivir en el centro, tan sucio, tan oscuro y con todos esos latinos y negros?

RAMIRO

Lo único bueno que han hecho nuestros políticos en años es este tren. ¡En treinta segundos vas de la urbanización al hipermercado! Un lujo para la gente de nuestra edad, que no tenemos ni un segundo que perder.

RAMÓN

Todavía me acuerdo de cuando empezaron a construirlo, fue un revulsivo para la ciudad. Yo me jubilé con el pico que me dieron por la expropiación de los terrenos… Y debo dar las gracias a mi cuñado, porque movió algunos hilos para que circulara por aquí…

RAMIRO

¡El Hiperloop  también fue para mí un premio de Lotería! Cruza todas las tierras de mi abuela, en las que ya no crecían ni los cardos, peladas como el culo de un mono. No he vuelto a trabajar desde entonces…

RAMÓN

Lo único malo es que atrajo a todos esos inmigrantes para las obras de construcción. ¿Por qué no se marcharon cuando terminaron? ¿Qué hacen todavía aquí?

RAMIRO

¡Porque son unos aprovechados, por eso! Y se adueñaron de nuestro centro histórico. Con el dinero que ganaron con esa obra compraron viviendas que estaban abandonadas…

RAMÓN

Y allí siguen, han convertido el centro en un gueto. Y nosotros tenemos que mantener limpias e iluminadas sus calles… ¡Con nuestros impuestos! ¡Las calles que ellos ensucian! ¡Si tuviéramos políticos como Dios manda ya los habrían echado a patadas!

Hace el gesto de dar una patada, pasa el Hyperloop y le arranca una pierna

RAMÓN

¡Jodeeeer, me cago en todo lo sagrado….!

Grita de dolor y se retuerce en el suelo

RAMIRO

¿Está bien, Ramón? ¿Necesita ayuda?

RAMÓN

¡Necesito una puta pierna hijo de puta, el tren me la ha arrancado! ¡Llama a alguien, joder!

Ramiro se gira para llamar a una ambulancia con el móvil y en cuanto se da la vuelta pasa el tren y arrolla de nuevo a Ramón, matándolo.

RAMIRO

Ra-món… Ehhhh… (Se acerca a mirar el cadáver). Bueno, después de lo que ha dicho que hizo con mi Elvira se lo tiene bien merecido. ¡Prueba ahora a sacarte las algas de la raja del culo, graciosillo!

Llama por teléfono

¿Mantenimiento? Tienen que venir a despegar a uno que ha sido atropellado por el Hyperloop. Tranquilos, cuando terminen con el otro, aquí ya no hay prisa…

Un rebaño de ovejas cruza el escenario atravesando la vía. Ramiro sale detrás de ellas

OSCURO

 

Descarga telegráfica

Y vos tan orgullosa que nunca me avisaste
que tal vez, fuiste mía un verano…

Las Oportunidades, Andrés Calamaro

Con un viaje kamikaze de mi pupila hasta tus ojos

y un rubor casi imperceptible bajo tu piel de cangrejo

ya nos habíamos dicho todo antes de conocernos,

al menos lo imprescindible para querernos para siempre

Hablamos mucho después, palabras bonitas sobre tu risa,

Promesas imposibles en un idioma extranjero

Palabrería al lado de aquella primera descarga telegráfica,

firma de un contrato de amor eterno hasta septiembre,

primera frase de un relato escrito con poca ropa y sin testigos

Después vinieron conversaciones silenciosas con los dedos

Un Je T’Aime escrito con crema hidratante en tu espalda

Sorbos de tequila en tu cuello y hasta un baile en una verbena

Pero amanecía y con las sábanas aún manchadas de ceniza

lágrimas de rencor mojaban las hojas de un calendario

que señalaba, implacable, la fecha de tu vuelo con Iberia

Horadaron mi coraza tu corazón, tu aliento y tu saliva

Y tu olor vuelve a mí con cada trago del mes de agosto

Todo fue tan triste. Tan bello. Tan sincero. Tan mentira

Aquel verano que fuiste el amor de mi vida con el tiempo

envejecerá y perderá color, adjetivos y poesía

Menguará hasta quedar reducido a dos acontecimientos:

La primera vez que me corrí en una piscina

La última carta que deposité en un buzón

Cuando vengan a por mí

 (…) La caza ha comenzado
y tu estas en la lista
en tiempos de silencio
instinto suicida (…)

(‘Cuando vengan a por ti‘, J.M.Sanz ‘Loquillo’)

Cuando vengan a por mí

no me encontrarán nadando en las aguas cristalinas

de una pila bautismal

Tampoco estaré en lo alto de un estrado

cuestionando vuestra escala de valores,

ametrallando con mi lengua vuestro escudo moral

Cuando vengan a por mí

me encontrarán probablemente desnudo,

leyendo a Nietzsche sobre el barro

revolcándome en mis sucias contradicciones

luchando conmigo mismo en un poema sin métrica

Cuando vengan a por mí

podrían encontrarme ya cubierto de brea,

emplumado como un forajido del antiguo oeste

porque otros guardianes de la fe llegaron antes

y se adelantaron a sus intenciones

tras un sumarísimo juicio castrense

Me exigirán que no sea cobarde, que me moje

y proclame que mis ideas son las mismas que las suyas

Acepto asumir mi culpa y cumplir condena por traición

pero no pienso poner mis versos

al servicio de un ejército ortodoxo y puritano

Mis poemas serán insumisos hasta que yo lo diga

Porque la poesía que era un arma cargada de futuro

ahora es solo un zulo abrigado en el que refugiarse,

una trinchera en la que esperar, mientras exhalas humo

hasta el día en el que que vengan a por ti.

 

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